El creador de este hilo el otro día preguntaba por qué respondía sólo con imágenes. En este momento, y debido también a tu observación Gear, es de caracter obligatorio escribir y escribir. Escribir como quien quiere quitarle el podio a Kafka del existencialismo bizarro del brillantísimo mundor pedante de hoy.Gia Secando escribió: ↑Mié Jun 19, 2024 3:43 pm No sé si solamente soy yo, pero viendo el historial de shonen populares de la Jump, series que por cierto van principalmente destinada a público puberto (independiente de que sea apta para todos), muchas de éstas acaban con el prota destinado por una profecía o con poderes divinos o algo similar. Lo cual no hacía más que esperarse que ello también sucediera en One Piece, al menos en su recta final, en lugar de poner el grito en el cielo como si hubiese sido una sorpresa de algún tipo.
No sé, Dragon Ball pasó de un chico mono del monte a un extraterrestre con poderes divinos cuya leyenda lo vuelven un dios para su raza. Naruto pasó del chico que se esforzaba mucho para sobresalir entre gente más talentosa o apta, al tipo de la profecía reencarnación de no se quienes que salva el planeta. Pues que Luffy pase de un chico común con un poder medio absurdo a ser chico de la profecía con poderes basados en un dios, la verdad, no es para nada nuevo en un shonen. Claro, no todos los shonen acaban igual, pero estamos viendo que al menos varios de los más populares, si no los más, han seguido el mismo patrón.
La verdad yo creo que One Piece la está rompiendo en el mundo más ahora que antes, aunque tampoco es algo que pueda relacionar directamente con Nika o el Gear 5, pues también tiene influencia la pandemia y la accesibilidad al manganime que antes no había, pero es que para los directivos y Oda seguirán siendo números positivos, así que difícilmente podrán considerarlo una decisión equivocada.
Y ojo que no estoy metiéndome con si os gusta o no la idea o en lo que ha terminado Luffy, que eso ya es un tema para gustos, es solo que muchos parece que jamás se vieron venir algo así, con las reacciones de todo tipo que se han visto sobre el tema. Pues si esperas por años que la serie llegue a este punto en algún momento, ya deja de chirriar tanto, e incluso ya lo tienes hasta aceptado según qué tanto te guste la idea.
Estoy absolutamente de acuerdo contigo cuando hablamos sobre la tradición Shonen en la que un protagonista que parece sacado de un barrio de mala muerte en el Japón feudal/Periodo Edo/Pre-Guerra/Pos-Guera/Modernidad/Futurismo (la verticalidad histórica que el autor desee proporcionar) resulte ser un "elegido" del destino para llevar a cabo una tarea más grande que uno mismo. Eso en una variedad de Mangas funcionó perfecto, además de que el Shonen no es sino la versión japonesa del tópico literario de la Divina Providencia, que desde la mitología Griega y (quién sabe si no mucho antes) y sus epopeyas y demás vienen colocando sobre la mesa el asunto del hombre destinado por capricho de fuerzas superiores. A lo largo de la Historia, desde mi perspectiva subjetiva y sesgada (todo hay que decirlo), ha funcionado muy bien en muchas ocasiones y en muchísimas otras no.
Volviendo al Shonen y sus derroteros, opinaría lo mismo. Dragon Ball derivó en Namek y en Freezer y el Super Saiyajin. Hubiera sido, desde mi opinión, el cierre definitivo. De hecho, más de una vez se ha hablado de esto y creo yo que es de conocimiento público que Shueisha presionó a Toriyama para que siguiera la serie y de allí resultó la Saga de los Androides (la mayor incoherencia argumental vista nunca en un Manga/Anime) y la Saga de Buu, que tuvieron sus momentazos, pero incluso de niños muchos nos dimos cuenta que... sí, Cell y todo el entramado lucía increíblemente interesante, pero que muchas cosas no estaban cuadrando con la continuidad argumental de la serie. Se le perdonó porque era... bueno, Dragon Ball. Todo se lo perdonamos porque somos unos empedernidos de la nostalgia. Y eso siento que nos ocurre en ocasiones con One Piece.
One Piece me gustó y me sigue gustando porque dentro de todo su mundo, la historia se nos presentó, si bien los clichés infaltables que tanto amamos, como algo diferente y que compartiendo los preceptos clásicos del Shonen, nos removió el corazón con historias muy emocionantes de superación personal, fe y esperanza. Considero que eso nos dejó enamorados y de allí continuamos sin desear despegarnos de la creación de Oda. Hasta la primera mitad, hubo maestría y excelencia en todo. Sí, unos cuatro o cinco capítulos aburridos, pero porque nada es perfecto. Sin embargo, desde la entrada del Nuevo Mundo uno intuye que normalmente no iba a ser lo mismo. Los retos, las batallas, los riesgos. Todo iba a tener una entonación más grave y que aún así se conservarían elementos románticos (desde la perspectiva del "Romance" tal cual la entienden los nipones, es decir la aventura), cómicos, dramáticos y épicos. Pienso que casi ninguno dejó de pensar que Luffy se volvería una bestia para enfrentar a los enemigos más contundentes del Manga. Eso estaba claro y el G4 fue un acierto.
Sin embargo, yo soy de la idea de que One Piece desde Dressrosa cayó en ciertos espirales donde a Oda se le escapó de las manos el cómo contar la historia de una forma dinámica y resolver los frentes sin caer en lo recargado, cosa que había hecho excelente hasta Punk Hazard. Se nos eternizaron argumentos secundarios que buscaban ser complementos de la historia lineal y que ellos sirvieran para hacer la continuidad más amena, con sensación de que One Piece ya es un universo que trasciende a los protagonistas, universo en el que cada personaje cuenta también con una historia, un motivo y un sentido de pertenencia. Hacer eso a nivel de narrativa no es viable la mayor parte del tiempo, porque priorizar ciertos contextos luego de ser religiosamente estricto en las formas como llevas tu historia incide de forma negativa en la percepción que tienen los lectores sobre la obra. Obviamente si tú me cuentas la historia del Oso Juan y el Tejón Fred a través de los montes nepalíes y durante ocho años todo ha sido alrededor de ellos, sus aventuras y desventuras, sus altos y bajos, sus luchas y conflictos y momentos épicos, comenzar a fijarnos en las ocurrencias de Pepe la Ardilla, personaje que apareció en dos capítulos, y el camino que decidió cruzar hasta la China desértica obviamente me va a empezar a tocar los cojones, hablando soezmente. Eso pasó con One Piece. La historia secundaria comenzó a cobrar más y más protagonismo, pues ahora no todo va de Luffy y cía. Naturalmente, el mundo está en apuros y hay que asimilar cómo todas las partes van a funcionar para resolver el contexto conflictivo. Si uno está muy versado, lo puede hacer magnífico. Si uno está presionado por múltiples causas y una empresa-corporación tan tocapelotas como Shueisha encima, muy probablemente pase lo que le ocurrió a Naruto o a Dragon Ball. Es que siempre que estos giros argumentales y desenfoques son tan catastróficos, siempre es del Shonen y siempre es de Shueisha. No digo que no ocurra en la Ryu Comics y demás, pero ya es usual tener a historias asociadas a una compañía que por priorizar las emociones y los estímulos visuales de personajes volviéndose brutalidades andantes (ejem, el Saiyajin Blue) se deja atrás la construcción coherente del mundo. Eso se puede entender porque el mundo de la animación del orden de la fantasía no tiene por qué ser "coherente" con el funcionamiento común de las narrativas. Pero es que también se abusa de esa libertad y siempre que un autor no sabe cómo concluir con acierto o quiere introducir más emoción en su obra se recurren a estos clichés que ya hartan de los multiversos, los saltos en el tiempo o también estas "deidades humanizadas" que están entre nosotros. One Piece cayó en esto último. La única forma en que pareció que One Piece, desde una óptica comercial y superficial de autoindulgencia y abuso de la inteligencia del lector, es que ya no fuera una historia de piratas convencional (que sí, que no lo fue. No lo niego), sino de dioses, voluntades heredadas, reencarnaciones y todo ese rollo que si se hubiera priorizado desde el inicio no estaríamos ahora mismo escribiendo estas parrafadas necesarias para el momento actual del desarrollo de los acontecimientos. Oda quiso pintar esto de solapada en los primeros tiempos para no ser obvio y sorprendernos. Eso hubiera resultado magníficamente si las pinceladas de deiades y todo el "backstage" se hubiera acentuado mucho más. No tenía que ser obvio, pero sí más crucial.
Nika "siempre" estuvo allí, pero se manejó de forma... no digamos "confusa", si no incompleta. Que sí: dioses, islas flotantes, civilizaciones extraterrestres y demonios siempre estuvieron allí como conceptos... ¡Por supuesto! Eso lo sabe hasta el muchacho que nunca ha visto la serie y va por el Arco de Loguetown y ve como Dragon evita que Smoker le acabe de un vergazo la vida a su hijo y se tira esas palabras que todos recordamos. Pero eso estaba allí como a medio armar, mientras que lo relevante era Luffy y su tripulación buscando un tesoro y cumplir sus sueños. Ese fue el enfoque y se mantuvo religiosamente hasta que llegó Law y dijo: "Hay que derrocar a un Yonko". Claro, Luffy para alcanzar el One Piece se tenía que dar vergazos hasta con el más grande para lograrlo, pero era porque Luffy perseguía un sueño y esos son los obstáculos clásicos del camino. Cambiar todo eso a la lucha no acabada de hace ochocientos años entre dioses, demonios y reinos no entona del todo con lo que era One Piece. Y digo "no del todo" porque sí se intuía que en algún momento un "lore" de esos prohibidos o mitológicos iba a salir a la luz. Pero no de forma tan improvisada y sobre la marcha.
Nika es un fenómeno en Japón. A la gente le encanta y en su mayoría no lo piensa mucho. No hay forma de corregir nada de esto a estas alturas.






























