Gran comentario
Tu aporte me a animado a comentar otra vez en este tema, a explayarme, explicando exactamente, cómo pase de ser muy ateo a muy creyente, a ahora haber
perdido la creencia en Dios, pero he desistido porque no creo que valga la pena en lo absoluto. Igual para quien os interese un poco, os hago un resumen:
Diré que, el concepto de Dios, metafísicamente hablando y bien entendido, ojo, bien entendido, es
fascinante. Esta idea de que existe una consciencia primordial, de la cual todo cuanto existe forma parte, donde todo en la naturaleza es expresión de potencia creativa, de belleza desbordada, de amor infinito, donde la realidad esta tejida de significado, a mí me parece muy seductora, noble y creativa, como corriente de pensamiento que trata de explicar la realidad del hombre en un plano puramente filosófico y metafísico. Repito, bien entendido, esto es, saber darle un sentido y propósito a la tragedia y el dolor en el mundo. El problema viene dado entonces, de tener que validar y fundamentar esto a través de un móvil, y que ese vehículo sean los libros sagrados y tradiciones de hace miles de años.
Yo estaba convencido de que, dándole una interpretación metafísica a estas tradiciones y libros, era posible validar esta idea de Dios, en un mundo donde la ciencia, ya ha desmentido la veracidad de estos textos y a explicado el porqué de muchas tradiciones milenarias; de lo que me di cuenta para mí tristeza, mientras más me sumergia en este asunto, es que esta poderosa idea del ser primordial, no tenía raíz en ningún libro sagrado ni en ninguna tradición milenaria de forma objetiva, sino que era fruto de la tremenda imaginación de hombres (de buena fe seguro) que añoraban con esta idea de un universo consciente de sí mismo, de una búsqueda genuina de significado. Esto es lo que en mi opinión, seducio a Tomás de Aquino, Juan de la Cruz, Francisco de Asís, Pascal, Raimon Panikkar, Bede Griffiths, Lev Shestov, Johann Georg Hamann y tantas otras mentes brillantes, a creer fervientemente en este ser más allá de toda compresión humana. Como también a seducido a millones de personas a través de la historia, a mí incluido siendo alguien de base, bastante ateo.
Por tanto, si el concepto Dios, bien entendido, no tiene raíz en estos textos y tradiciones ancestrales, que se supone son la roca fundacional que luego da pie a su búsqueda, manifestación y compenetración en la naturaleza misma, entonces lo que nos queda, no es otra cosa que un egregor, como decía ya decía Robert Ambelain. Un majestuoso egregor pero egregor en resumidas cuentas. Abreviando mucho, esta es la razón principal por la que mi creencia y fe se han diluido del todo. Genuinamente me fascinaba esta visión del mundo, rebosado de significado y belleza, pero que la fuente de todo esto sea sólo la imaginación de monjes copistas, es desilusionante.