Hay tres tipos de foreros: Los idiotas, los majos y los genials. Que diga, hay tres tipos de foreros: Los idiotas, los majos y el genial Crikrien.
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- -Ahora lo entiendo… todo cobra sentido para mí.
-Mi señor Rufus… debemos retirarnos…. El decadente nos está arrasando y vendrá pronto, no tenemos tiempo.
-No. Para mí está claro.
Las lanzas negras descendían del cielo, que ocultaban con su oscuridad y atravesaban las armaduras de los robots gigantes angelicales. Las fuerzas mecánicas de la isla de maniacos. Los ángeles mecánicos, grandes armaduras metálicas de acero divino que medían cerca de veinte metros de alto, algunas incluso llegaban a los treinta, pero no fueron rivales para el gran Ares. Su furia no conocía límites.
-Ahora todo cobra sentido… Padre quiere que pasemos esta prueba. Esta es la prueba de nuestra fe absoluta en Padre. Él nos ha dispuesto aquí y ahora para que combatamos con todas nuestras fuerzas. Será nuestra voluntad la que sea puesta a prueba. Serán los nuevos ángeles los que levanten el paraíso. No cederán ante el terror y nosotros los viejos, seremos quienes sostendremos el pasado que se nos avecina. Seremos los dueños de este pasado.
-Mi señor, aquí viene.
-Yo soy Angel de la novena generación. Yo soy Rufus. Asesino de razas. Tu voluntad contra la mía.
El occidental sonreía mientras descendía de los cielos, lamiendo la sangre del placer y la excitación ante los brazos amputados de los siervos de Dios. Cuando cayó lanzando miles de flechas el señor de los maniacos fue abatido.
Toshio Saeki el niño maldito, asesinado por su propio padre, es un ángel que vive a través de las sombras de la madera. Se le desconoce motivación, pero sirve fiel a la maldición de los hogares.
Kayako Saeki la ángel madre de Toshio, asesinada por su marido, solo ella conoce los motivos de que su esposo la matara a ella y a su hijo.
Mar el gato de Toshio, que posee alas y puede convertirse en león gigante. También murió a manos del padre de Toshio.
Craig de tez blanca, uno de los pocos ángeles calvo, de ojos azules y usa una gran tubería de arma.
Jack Lusman el herrero, uno de los ángeles que maneja mayor número de utensilios artesanales que le permiten crear multitud de cosas. Le permiten hacer y deshacer a su antojo cientos de inventos.
Mitsuko Souma la ángel más bella de todas, conocida por ser experta en el manejo de la hoz, es particularmente hermosa y ha sido objeto de deseo de multitud de ángeles. Su rostro ha sido fuente de su bienestar y también de su maldición.
John Wayne Gacy el ángel chistoso, vestido y pintado de formas llamativas, es uno de los ángeles más simpáticos de todos. Le gusta jugar con querubines y disfruta mucho de la risa de los demás, cuando les obliga a estar contentos después de torturarlos.
Mary Shaw una ángel que esconde su vejez, en rostros jóvenes, pero no puede ocultar que la edad pasó en demasía en ella. Por el cementerio. En sus ojos no hay nada. Solo va y viene en los sueños, y detesta que griten cerca de ella.
El títere Billy maneja cien ángeles de madera que usa con su mente, mientras se sienta, vestido de traje con pajarita y espera cabilante, pues él ya es un muñeco igual que sus marionetas.
Vincent y Bo Sinclair el primero amaba de sus cuchillos dorados, el segundo de su escopeta sagrada. Eran hermanos que convertían a los enemigos de Dios en cera. Bo es mucho más visceral, mientras que Vincent es más calmado. Ambos forman una dupla imparable para los enemigos de Padre.
Mandy Lane rivaliza con Souma como el ángel más bello de todos. Es considerada como la que enamora a todos los ángeles, ella condensa en su forma de ser el deseo de todos los ángeles vivos.
Alex DeLarge el jovencísimo ángel que formó parte de la revolución de los grigori, pero arrepentido por sus actos viles logró encontrar la redención volviendo al paraíso. No obstante, al final no ha cambiado tanto como pueda parecer. Amante del sexo y la violencia.
Jack O' Lantern el ángel que no tiene cabeza. Nadie sabe en qué momento la perdió, pero ello no le impide ser un diestro jinete de las águilas sagradas.
David Allen Griffin un ángel frío y calculador de cabellos negros y cortos. Es uno de las armas secretas para eliminar a infieles que usa el Padre. De él nada ni nadie se esconde.
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- Sus frágiles piernas jugaban con las aguas cristalinas, mientras se mojaba la cara. Preciosa y ausente de todo lo que le rodeaban se miraba reflejada. Mientras el agua se teñía en rojo de la sangre, pero ella no pareció asustarla. Poseía largos cabellos sedosos al color de ébano y un figura excepcional. Sus ojos delataban que era hija de Afrodita, sin embargo su desidia hacia la barbarie dejaban claro que era hija de Ares. Su belleza rivalizaba con la de su madre, Harmonía.
-Mis pequeños, aquí estáis.
-No me gusta que me llames así para nada. –Le respondió con dureza un papiro que escribía solo las palabras que salían de su boca. Harmonía acarició el rostro marchito y rehecho de Lucifugo.
-Mi pequeño demonio.
-….
-Dejadle mi señora. –Dijo en un tono más ameno un envejecido matador. –
-Vuestro futuro es mío y lo sabéis, os llamaré como me plazca.
-…. –Lucifugo no contestó y esperó para serenarse y articular palabra.- ¿Y bien? ¿Tenéis lo que vinimos a buscar? ¿Sabéis dónde hallarlo?
-El pozo de las almas, el purgatorio. Se te ve ansioso.
-Sí o no.
-Lo tengo. Para eso os necesitaba, pero yo también tengo mis intereses en ese pozo. - Harmonía señaló una montaña cercana. -Allí, mis pequeños. -Lucifugo sonrió.-
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Chasqueaba los dedos, mientras movía sus zapatos de cuero negro. Botas con puntas de hierro. Sus pantalones eran de camuflaje, y una camiseta sin tirantes blanca, junto a sus cabellos apoyados en sus hombros. Su último cigarro cayendo al suelo. A su vera sentada en el suelo estaba Zyra, de cabellos rojizos y un libro sobre fuego que miraba. Llevaba un vestido de colores planos y cálidos, sus ojos eran intensos. A su otro lado estaba la mujer de los ojos blancos. Considerada por todos una interlocutora con los espectros. Llevaba una túnica blanca y sus cabellos eran castaños y rizados. Le llegó una señal:
-“Ejército enemigo a las puertas, tropas de alcance 8 encargaros de ellas.”
La devoradora se alegró. Enfrente de las tres se encontraban los ejércitos de piedra engendrados por Tomiris, en la guerra abierta en las fronteras del sudeste. Eran monstruos de tres metros, armados y con armaduras invencibles. De los ejércitos más fieles y solventes. La devoradora encendió sus ojos, y brilló una aureola, la llama de Cristo en su frente, tras haberle arrancando la columna vertebral y haber poseído todos los poderes de Jesús. Alzó sus brazos formando una cruz.
Zyra la detuvo.
-No… déjamelos a mí.
Zyra fue corriendo, mientras usó raíles de fuego en sus píes, y sus dos pulgares empezaron a mostrar estrellas doradas rodeadas de electricidad. Las bestias de roca abrían sus bocas, ante la electricidad y se reían. La pequeña Zyra parecía una hormiguita a su vera y sus llamaradas y estrellas no sirvieron, eso entristeció mucho a Z. Que les miró asustada, cuando fueron a destrozarla, las estrellas explotaron dentro de algunos de los monstruos. Intentaron encerrarla, pero Zyra convirtió sus piernas en magna y se alzó, agrandándose tanto que se elevó diez metros, el magma de sus piernas ardía tanto que aunque la intentaran derribar la roca se fundía. Zyra alzó sus manos y lanzó tanto magma que quedó un gran lago dónde poco a poco se fueron hundiendo las rocas. Zyra se reía y dejó el magma para descender un ejército entero de más de cien bestias de roca había sido pulverizado por una sola persona. Tomiris que observaba a lo lejos mandó a su caballería, y su infantería de hombres. Usaba hombres y bestias como carnaza en las primeras acometidas, cabreada no podía creerlo. Se había especulado mucho del poder de la triada, pero jamás podía imaginarse tanta fuerza. La pequeña Agatah anduvo titubeante y fue dando saltitos. Se agachó, mientras los hombres corrían hacia ellas con sus escudos y sus lanzas. Agata ajena a todo levantó una piedra y sonriendo la lanzó, casi sin fuerza la piedra no fue muy lejos. Las tropas de Tomiris estaban a punto de alcanzarla cuando una horda de fantasmas violetas salieron de la tierra y devoraron las almas de los humanos. Los cuerpos sin alma caían como arrasados por un viento perturbador. Eran los espíritus al servicio de Agatah. Miles de humanos intentaron escapar, pero fueron engullidos por la marea fantasmal que acto seguido regresó a la tierra. Delante de la pequeña Agatah solo quedaban cuerpos sin vida. Tomiris enfadada, dio orden a sus amazonas para avanzar. El cuerpo de élite de mujeres entrenadas, las más rápidas, las más fuertes y las más inteligentes se hallaban entre ellas.
-Inútiles hombres… os toca a vosotras chicas. No permitiré que estas tres furcias amaestradas por Lilith sean las que nos venzan… joder. Esa puta de Lilith ni está aquí.
La devoradora volvió a estar en cruz y su cuerpo quedó glorificado por la luz. Fue levitando lentamente, mientras las capitanas de guerra de Tomiris se posicionaron precavidas con una barrera mágica para eludir los ataques del magma y de los fantasmas. Las arqueras en la retaguardia defendían a las magas. La devoradora estaba frente a ellas.
-¿De verdad pensáis que esto detendrá la fuerza de Dios?
-Rendíos, habéis luchado con honor. –Contestó Zaname.- Pero nada podéis hacer.
La devoradora sonrió y con sus dedos fue agrietando la barrera como si fuera un cuchillo y mantequilla cálida. Las tropas de élite quedaron estupefactas, y una vez la barrera fue destruida no les quedó otra que arriesgar. Las flechas no impactaron ninguna en la nueva poseedora del don de Dios. Un escudo dorado la protegía, solo tuvo que alzar su palma y dejar caer una lluvia del cielo, rayos de luz que se incrustaban como lanzas en los cuerpos hermosos de las tropas de Tomiris. Atravesadas no morían al instante y por ello gritaban sin parar del dolor de unas lanzas que al pasar por el cuerpo quemaba.
Tomiris se arrodilló al ver aquel espectáculo. Una de sus mensajeras Iris acudió a verla.
-Mi señora. Malas nuevas.
-¿Cuáles?
-Zenobia ha sido derrotada por Lilith…ya solo queda Kali…
-Nuestro equilibrio se ha roto… ¿Quiénes son éstas?
-Nada se sabe de ellas…
-Envíale a Kali todo lo que hemos tomado aquí.
-¿No iremos juntas?
-No. Yo tengo una responsabilidad con mis súbditos, dile a mi pequeña hija que cuide del linaje y que… vendrán nuevos tiempos. Que no detenga la vista, que siga oyendo la vida. Que siga creyendo en la vida…El tiempo se escapa.
-Mi… señora…
Tomiris besó en la frente a Iris. Aún en el suelo se arrastraba Zaname intentando alcanzar su espada. La bota de hierro pisó sus dedos.
-¿Qué buscas?
-Maldita seas…. Somos hermanas… ¿Por qué nos atacas?
-Yo no tengo hermanas ni hermanos. Solo ellas. –Dijo, señalando con la mirada a Zyra y Agatah.- Nadie más.
Tomiris desenvainó su espada real y avanzó andando. Sus ropajes se mecían al viento y sus cabellos le seguían. Parecía decidida, ya no quedaba nada de su ejército, habían muerto decenas de miles en ataques masivos nunca vistos. Tomiris tuvo que evitar pisar los cadáveres de sus súbditas y súbditos, aún quedaba magma en cenizas de sus rocas gigantes. Estupefacta, pero aún con el rostro parco y honesto.
-Aquí estoy.
-¿Os rendís?
-Mientras siga viviendo mi reino jamás se rendirá.
-Eso… -Una enorme sonrisa decoró la boca de la Devoradora.- se puede solucionar.
Tomiris tomó su espada y la levantó. La devoradora la señaló con el dedo, haciendo la forma de arco, de sus dedos salía un lazo dorado formando con él un arco que usó para atravesar el corazón de la reina. Aún ahogada por el calor interno, Tomiris pudo contener el aliento antes de morir y caer.
En sus ojos quedó impregnada la imagen de su hija. Derramando lágrimas. Las botas de metal se acercaban a pasos lentos, el sonido del polvo y la piedra golpeando contra el suelo. Como las rocas saltaban. Tomiris usó sus últimas fuerzas para alzar la vista y vio la arrogancia de la devoradora que alzaba su pierna… sabedoras ambas de lo que iba a hacer la gran Devoradora. Negro y rojo. El tejido teñido.










